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Pruebas diagnósticas

 

A la hora de diagnosticar un caso de mieloma hay que realizar numerosas pruebas e investigaciones. Éste puede ser un momento difícil y de incertidumbre para los pacientes y sus familias. Las pruebas se realizan siempre por tres razones primordiales:

  • Para establecer un diagnóstico
  • Para ayudar a determinar un plan de tratamiento y hacer un segui­miento de los progresos
  • Para detectar las complicaciones potenciales de la enfermedad y poderlas tratar

El mieloma es una enfermedad muy individualizada y los resultados de las pruebas pueden variar mucho de un paciente a otro. Por lo tanto, no es suficiente con realizar un diagnóstico del mieloma, es también de vital im­portancia establecer un estudio preciso del efecto de la enfermedad en cada paciente antes de desarrollar un plan de tratamiento.

 

Medición de paraproteínas


Los cambios en los niveles de paraproteínas son muy importantes a la hora de realizar un diagnóstico de mieloma, pero también son muy importantes y sirven como indicador de los posibles cambios en la actividad de ese mielo­ma. Es precisamente por esta razón por la que se realizan pruebas y medidas de paraproteínas regularmente para comprobar cómo está funcionando el tratamiento y para comprobar que el mieloma continúa estable en periodos en los que no se está recibiendo un tratamiento activo.

 

En el caso en el que el paciente deja de tener niveles de paraproteínas detec­tables en los análisis se suele considerar que la enfermedad está en remisión completa. Si los niveles de paraproteínas bajan pero aún son detectables y se mantienen estables después del tratamiento se considera que se entra en re­misión parcial, también llamada fase de meseta. La remisión completa es muy poco habitual excepto después de tratamientos muy intensos y de trasplantes de células madre.

 

El nombre de fase de meseta viene de la observación gráfica de los resulta­dos de paraproteína ya que los niveles suelen alcanzar un desarrollo plano que parece una meseta en la gráfica. Tanto el nivel como la duración de la respuesta son importantes a la hora de medir el éxito de un tratamiento.

 

Rayos X del esqueleto

Dado que el mieloma puede erosionar o hacer disminuir el tamaño de los huesos, una de las primeras investigaciones que se realizan es el examen del esqueleto. Se trata de una serie de pruebas de rayos X con el objetivo de detectar cualquier tipo de daños óseos. Los mismos rayos X se pueden utilizar para detectar cualquier nuevo tipo de daño a nivel óseo que se produzca a lo largo del tratamiento. Las áreas que sufren daños relacionados con la enfer­medad aparecen en las placas como zonas ensombrecidas y se denominan lesiones líticas.

 

En algunas ocasiones se necesita una imagen aún más clara del hueso y hay que realizar una resonancia magnética o incluso un TAC. Las resonancias magnéticas dan la posibilidad de mostrar dónde y cómo se distribuye el mie­loma tanto dentro del hueso como en los tejidos adyacentes mientras que los rayos X no dan la misma posibilidad. El TAC proporciona un nivel de detalle mayor e identifica áreas óseas dañadas que podrían pasar desapercibidas con el análisis de rayos X.

 

Biopsia de médula ósea (aspiración)


Esta biopsia consiste en la colocación de una aguja en el interior del hueso para coger una pequeña muestra de médula ósea y se realiza con anestesia local, habitualmente en el hueso de la cadera. La muestra obtenida se suele llamar aspirado de médula. El examen de la muestra de médula incluye el recuento de células plasmáticas: los niveles menores del 5% de células plas­máticas son considerados normales, mientras que los pacientes con mieloma normalmente tienen un porcentaje que varía entre el 10% y el 90%. Este examen se realiza tanto al inicio como al final del tratamiento.

 

Existe también un tipo de biopsia que consiste en la extracción de una pequeña muestra de hueso junto con la médula interior. En conjunción con los análisis de orina y sangre, estas pruebas ayudan a crear una imagen más completa de la respuesta de cada paciente al tratamiento.

 

Recuento sanguíneo completo


A lo largo del tratamiento se recogerán muestras de sangre del paciente de manera regular. Como ya hemos mencionado anteriormente, las muestras de sangre se usan para medir el nivel de paraproteína presente en la misma. Además, una parte de cada muestra se usa habitualmente para realizar la composición de algunas de las células más importantes de la sangre como son los glóbulos rojos, que transportan el oxígeno, los blancos que son los que luchan contra infecciones y las plaquetas, que son las células causantes de la coagulación de la sangre.

 

Los recuentos de células son importantes por los siguientes motivos:

  • El número de glóbulos blancos indica a los médicos el riesgo de infec­ción de un paciente
  • El nivel de hemoglobina, los glóbulos rojos, avisa a los médicos de un posible estado de anemia
  • El número de plaquetas explica la propensión del paciente hacia la coagulación lenta de la sangre, y la aparición de hematomas con facilidad

La función renal


El funcionamiento renal puede verse afectado por el propio mieloma, así como por algunos de los efectos secundarios del tratamiento.

 

Los análisis de sangre se llevan a cabo también para delimitar los niveles de urea y creatinina, ambos productos de desecho, que se filtran normalmente a través del riñón. Niveles altos de presencia de los compuestos anteriores indican un funcionamiento deficiente del riñón.

 

Medición de calcio


El calcio es un mineral que se encuentra normalmente en el hueso. En aque­llos pacientes que desarrollan una enfermedad ósea activa por culpa del mie­loma, se muestra una liberación de calcio desde el hueso al fluido sanguíneo que puede acarrear niveles excesivos de calcio en sangre, situación que se denomina hipercalcemia.

 

Medidas de albúmina


La albúmina es un tipo de proteína producida por el hígado que forma habitualmente la mayor parte de proteína en sangre. En los pacientes afectados por mieloma, sin embargo, las hormonas (o citoquinas) producidas por el mismo mieloma (principalmente interleuquina 6) suprimen la producción de la citada proteína.

 

Beta 2 Microglobulina

 

Un test sanguíneo también puede ser útil para detectar niveles de una molécula denominada Beta 2 microglobulina (&2M). La &2M es uno de los indicadores más importantes tanto de la actividad del mieloma como de su cantidad y, por lo tanto, es crucial para determinar el pronóstico de cada caso individual.